Cuando callas te estremece
escucharte en tu silencio,
notas todas tus cuerdas,
las vocales y las otras,
las que te amarran, firmes,
tanto que magullan tu piel
y apenas te dejan respirar.
Las cuerdas de tus derrotas,
las sogas de tus olvidos,
los cordeles en los que tropezaste,
una y otra, y otra vez.
Finges que puedes liberarte
deshacer los nudos,
soltar los cabos.
En lo imposible gritas
mientras los hilos bailan
agitando tu vida, tus pasos,
marioneta ya sin teatro.
Sacude el ruido, baila,
cercena las maromas,
y quiebra las varillas,
improvisa sin guión,
y estremécete nuevamente
en el estruendo de tu libertad.
Última parada
Quizá la vida y yo
estemos reñidos,
cada cual por su acera.
Y en medio, un tráfico infernal,
no hay por dónde cruzar.
Los semáforos me niegan,
los bordillos me atenazan
y camino perdido.
El último bus me ha dejado,
no supe qué ruta tomar,
en la calle, frente al pasado,
no hay horarios, no hay piedad.
Última parada, toca caminar.
Dame la mano, quiero cruzar.
Ver los barrios de más allá,
donde se habita sin miedo.
Sentado en la escalera
el bus no pasa,
dónde irá mi bus.
Última parada, toca caminar.
El último bus me ha dejado,
no supe qué ruta tomar,
en la calle, frente al pasado,
no hay horarios, no hay piedad.
Última parada, toca caminar.
Dame la mano, quiero cruzar.
Ver los barrios de más allá,
donde se habita sin miedo.
Sentado en la escalera
el bus no pasa,
dónde irá mi bus.
Última parada, toca caminar.

Ojitos de plata
Si pudiera
tan solo mirar la luna desnuda,
ver sus ojos de plata mirarme,
de nuevo, nuevo,
yo, pero nuevo.
No creas que no era,
si ni siquiera fui.
En la madrugada la vi,
ojitos de plata,
no me dejaba ir,
en la madrugada un susurro
y en el capote, un sueño.
La luna que todo lo mira
y a mí no me ve, ya no.
La luna tiene quien la quiere,
a mi no, no me ve, luna,
con ojos de plata vendida.
Dónde estás, qué fue de tí,
luna que gira sin parar.

Gira
La tierra gira y gira,
yo me paro, me paro,
salto un poquito
y la tierra se va.
La tierra gira, yo viajo,
donde estás, no te pares.
Salto más y más,
tierra de mis saltos,
déjame buscar un lugar
desde donde saltar
a la tierra que ya no está.
Mis pies pierden el paso,
salto, salto y salto,
la tierra gira y gira,
yo me quedo, ella se va,
no sé dónde llegaré,
ya no quiero bajar.

No me alcanza
No me alcanza para saber
si es verdad o mentira,
que tus manos besan la nieve
donde las flores germinan,
que tus ojos vuelan libres,
donde el agua ya no es orilla.
No me alcanza para saber
si es verdad o mentira,
que tus pies rozan las hojas
de los árboles que veo bailar,
que apenas imagino tu piel
en el regazo de la nube
que veo en mis madrugadas.
No me alcanza para saber
si es verdad o mentira,
lo que tus palabras me dicen,
lo que tus ojos me callan,
lo que tus manos me mienten,
lo que mis gritos te gritan.
No me alcanza para saber
si eres de verdad o mentira.

Amo las olas
Mil idiotas
Quiero una mesa con mil sillas,
mil idiotas soñando con vivir,
mil sueños que no acaben nunca.
Tengo miedo, de todo y de nada,
a veces de querer vivir,
a veces de no saber reír,
a veces de amar,
a veces de no saber amar.
Quiero ver el viento
que se esconde en las nubes,
la lluvia sin lágrimas,
las mañanas sin noches.
Quiero mil voces, mil risas.
Dime tú quién soy.
dime dónde me vas a llevar,
dime si valió la pena.
Quiero una mesa con mil sillas,
mil idiotas soñando con vivir,
mil sueños que no acaben nunca.
Dime tú quién soy.
dime dónde me vas a llevar,
dime si valió la pena.
Quiero mil voces, mil risas.

Quizá
Quizá es nunca,
quizá no quiera escuchar
las malditas razones que me llevan,
quizá es nunca,
quizá mi deseo no sea llegar
a donde mis palabras me arrastran,
a tierras donde solo pueblan desencantos,
a playas que ya las olas olvidaron,
a rostros sin sonrisas
y mañanas sin miedo,
casi perfectas.
Quizá anhele no saber, de mi,
qué hice, qué no hice, qué fui
qué nunca seré,
y olvidarme, tranquilo,
donde no haya ruido,
ni playas con sonrisas.
Quizá es siempre,
siempre,
o quizá es nunca.

Ojalá
Ojalá pudiera amar
el atisbo de tu voz,
como las horas vacías
amamantan mis sueños.
Ojalá pudiera ver
el cielo que esconden tus ojos,
el viento cabalgando sobre la mar.
Ojalá pudiera sentir
tus manos abrazando mi oscuridad,
como lluvia en campos fértiles.
Ojalá pudiera oír
el sonido de tus pasos
cruzando los ríos de mis lágrimas.
Ojalá te sintiera,
sin que te quiera sentir,
donde todas las palabras se confunden.
Ojalá supieras escuchar
lo que yo no sé decir,
y bailaras, en mis noches desnudas,
en los vientos de mis risas,
en las madrugadas vacías.
Ojalá pudiera amar,
en los vientos, en la mar.
Ojalá pudiera amar,
en los vientos, en la mar.

Pálpito
Me late,
desacompasado,
entre línea y línea,
un punto y seguido, me late,
a veces entre las manos, se recuesta cansado,
pero late.
Siento el pálpito,
la tensión creciente, un cortocircuito,
de lado a lado, late,
el sólo late,
en mí.
No puede parar,
no para, a veces entre risas,
late deprisa, otras sueña, inquieto,
roto, y se recuesta en las húmedas cuencas,
late, abochornado.
Late sin querer,
por más que quiera querer,
ahora despacito, encaminado,
late al caer la tarde, aún despierto,
y en la madrugada, desvelado,
imperfecto, latido revuelto,
latido perdido, irregular,
no puedo pararlo,
ya no es mío,
déjalo latir,
sentir, vivir.
No puedo pararlo,
ya no es mío.
