Generación X

Soy un afortunado miembro de la generación X, también llamada generación de la apatía o cómo a mí me gusta llamarla generación Peter Pan.
Apenas tuve que sufrir los últimos coletazos de una dictadura pero quedé impregnado de alguna forma de las ansias de vida y libertad que se respiraban en el mundo por aquel entonces. Era el momento de los flower power y el amor en algunos países, aquí fue el tiempo de la emigración a Europa, los trenes atiborrados de esperanzas y de hogazas de pan.
Desde entonces he disfrutado de una época tranquila y sin demasiados sobresaltos, nada que ver con las generaciones inmediatamente anteriores cuando poco después de estrenar el siglo más de veinte millones de personas perdieron la vida en una guerra que ni les iba ni les venía, que cuando se acabó esta guerra la gripe española acabó de un tajo con los sueños, amores y risas de más de cincuenta millones de personas, que no contentos con eso empezó la gran depresión, un fantástico caldo de cultivo para los demagogos y bocachanclas salvapatrias (ipsa historia repetit) que les llevó a otra guerra, de las gordas, con unos sesenta millones de vidas segadas de golpe. Generaciones como la de mi madre, camino al trabajo de madrugada encontrando jóvenes muertos en la cuneta los últimos días de la guerra, con largas listas de nombres en los periódicos, listas de amigos, un primo, un vecino, quizá un novio.
Sí, soy de una generación cómoda, una generación que ha vivido desde el sofá genocidios como el de Camboya, o los más recientes de Los Balcanes o Ruanda con un millón de muertos y quinientas mil mujeres violadas.
La crisis de los misiles que iba a acabar con el mundo conocido ya había pasado y mi mundo seguía en pie, con mejores o peores zapatos pero en pie.
Alguna camiseta del Ché, quizá un poco de Punk trasnochado y mucho Rock, eso te marca e impregna carácter, no hay duda.
La misma camiseta que me he puesto de vez en cuando estos días para escuchar canciones protesta e himnos revolucionarios mientras hacen pop las palomitas en el microondas, saboreando la enésima cerveza que, no debo olvidarlo, me ayuda a entonar estos himnos con la fuerza y el tesón que la revolución requiere o al menos sin desafinar demasiado.
Ahora, ahora salgo de nuevo a la calle, pero antes de cerrar la puerta echo un vistazo al interior de mi celda intentando coger perspectiva, en la vida es muy útil no perder la perspectiva para apreciar todos y cada uno de los detalles, pero también para no magnificar o transformar la realidad pues eso alimenta a los monstruos que acabaron con la vida y los sueños de las generaciones anteriores.
El tic-tac del tiempo es el peor enemigo del capitán Garfio, pero Peter Pan sabe que para permanecer joven no hay que perder la memoria, ni la perspectiva.