Hormigas

En la comisura de los labios
peregrinan hormigas portando voces,
pieza a pieza, alzadas en vilo,
la procesión de las falacias sin estandarte,
el cortejo de la inocencia perdida
que despunta en el sonrojo de la carne,
nacen en lo más recóndito del ayer
y elevan en el diario de las gestas
cada uno de los icónicos encantos,
quizá fruto de partidas no resueltas,
quizá tan sólo insumisas notas,
no silenciadas, no amordazadas.
No fue el transcurso de la cotidianidad
ni las contradicciones del alma
o la absurda confluencia de rebeldías,
no fue el arrebato, ni la falta del mismo,
ni los hierros enmarañados tras el alma,
ni la terrible necedad de ocultar las formas,
no fueron las palabras, ni las sugerencias,
no fueron los pasos, los seguidos ni los otros,
ni los acertijos, ni las contrariedades,
ni las voluntades, ni los perdones,
tan sólo fue la descabellada pretensión
de silenciar en abisales cavernas
el pretérito de los atronadores coros,
el desencanto de la consciencia,
la ineptitud de la exculpación
en el que las hormigas de la boca
ahora buscan el consuelo, la absolución.