Reniego de entender,
reniego de conocer
y a veces reniego de escuchar.
Me alcanza la fatiga,
como una sombra,
pegada a mí, insistente.
Vocifera a mi alrededor,
clama por espacios que no le pertenecen,
usurpa la tranquilidad de una vida
y pretende,
reclama atenciones imposibles.
Irrumpe en mí,
en mi ansiada soledad
y crea mundos a su antojo,
sin apenas convicción, falsos,
vueltos del revés,
donde mi norte se pierde,
no hay trópicos ni firmamento,
tan solo rencor,
y desesperanza.
Me reprocha imposibles,
me desalienta verdades
y me esconde placeres,
rutinarios pero ciertos
y no olvidados,
a veces queridos.
Reniego de escuchar.