La madrugada me la trajo
en una gota de escarcha
mientras la luna la escondía,
tan diminuta, apenas nacida.
Venía con traje de seda,
parida entre flores,
acunada entre hierbas,
amada entre olores.
Llamó a mi puerta, cerrada,
no la vi llegar, no la oí llamar,
en mi encierro, perdido,
confinado, escondido,
enclaustrado en temores.
Llamó a mi vida, apasionada,
en el sueño me gritó
y desperté, sin más.
Llenó mi madrugada de soles
al abrigo de la lluvia
y de los corazones cansados,
que huían con los crisantemos
contagiados de desesperanza
Llegó apenas percibida,
tan callada como una vigilia
para espantar mi cobardía,
para llenar mis instantes
con sus brotes de razón,
con sus amores nuevos.
La madrugada me la trajo,
callada en la escarcha.
Ojalá la primavera nunca nos olvide.