Te gusta

Las calles te caminan desiertas
mientras evitas el tránsito de las miradas
esbozando sonrisas nonatas.
El hálito de los deseos que perecen
en los pasos, distantes, inciertos,
te acompañan imprevistos y errantes
solicitando la calma de un sótano oscuro
donde renacer, año tras año,
ahora ya lejos del cálido útero
en el pavimento frío y húmedo
azotado por viento y agua.
Percibes los inconvenientes de sentir
cuando los gestos te desuellan
a cada paso, a cada exposición,
como una amalgama de grises fundidos
que eres incapaz de apreciar, de tan oscuros.
Te abandonas confuso en las palabras
cuando tan sólo deseas algo de claridad
que te permita continuar, otra zancada,
sin que te atormente la hierba pisada,
los caminos visitados, las caídas,
y encuentras mapas inútiles y vacíos
incapaces de mantener el ritmo
frenético, desbocado, de tu mente
que sigue, recorre laberintos sin salida
mientras la poca luz te invade
extinta como tú mismo, a traspiés
y ya no esperas entender, ni aceptar
tan sólo no parar, caminar
mientras sientes aún el viento frío
que te despierta, que te gusta
cuando lo demás ya no.