Por una moneda vendo almas, todas,
las que hieren, las que atormentan,
las que mienten y las que me alteran,
las que me crucifican sin conocerme,
y las que no quieren conocerme,
las sigilosas y ladinas, las gritonas,
las que se ocultan y las que se disfrazan,
las mutables, las desconfiadas,
las lisonjeras y las embusteras,
las que me privan de mi razón
y las que se olvidan de amarme,
las que se resisten, las tercas,
las olvidadizas y las obstinadas,
las facilonas cuando te incitan
y las virtuosas si te arrimas,
las tenebrosas, las clarividentes,
las huecas y las henchidas de orgullo,
las delicadas que no se quiebran,
y las intrépidas que te humillan,
las que no te puedes permitir
y las sensibles que te amortajan,
las que pisan y destrozan
y las que no dejan huella.
Por una moneda, una sola,
las vendo todas, todas,
para que puedas ver la mía.